Vista desde el hotel

Una escalera de caracol recortada en sombras sube hacia una pared sellada. La textura gastada de la fachada resalta con la luz dura, fragmentando el espacio entre líneas curvas y ángulos quebrados. La puerta en la base, con sus vidrios opacos, parece más una barrera que un acceso. Todo en esta imagen remite a una estructura sin destino claro.

Vista desde el hotel
ISO 100
Apertura 9
Velocidad 1/400
paisajeretrato

En esta vista desde un hotel en La Plata hay una escalera enredada en sombras, atrapada entre muros agrietados, que me recuerda a una foto de Valparaíso que tomé el 2005. En ese tiempo, veía la ciudad como un conjunto de huecos y escaleras a ninguna parte, con puertas cerradas y, al otro lado, el infierno o el cielo. Ahora, frente a esta escena en otro país y otra época, la sensación es la misma.

Esta fotografía y aquella de Valparaíso son dos variaciones del mismo vacío: escaleras sin llegada, puertas que se cierran sobre sí mismas. Ambas muestran una arquitectura rota, una ciudad donde los accesos no conducen a ninguna parte. Es el mismo lenguaje visual en distinto acento: una con la curva atrapada en la sombra, la otra con el zigzag de cemento quebrado.

Aquí, la escalera de caracol multiplica su silueta en la pared, duplicando la sensación de encierro. Las líneas curvas no suavizan, solo refuerzan el enredo de un trayecto sin sentido. La luz proyecta sombras que alargan la estructura y la deforman, haciéndola aún más incierta.

Pienso en la idea de una ciudad de pasajes truncos, Valparaíso es la mejor respresntación de esa falta de planificación urbana, pero es todo lo contario a La Plata, que tiene una estructura en damero perfecta, con la particularidad extra de incluir diagonales que atraviesan las manzanas y conectan puntos clave, facilitando la circulación y creando vistas urbanas muy interesantes. Más allá de esa diferencia, la relación entre ambas imágenes es evidente, ambas juegan con espacios interrumpidos. Donde la otra foto muestra una escalera recta con un final absurdo, esta encierra su movimiento en una espiral contenida, atrapada contra un muro. Ambas construcciones parecen recordar algo que ya no está, como si fueran restos de una arquitectura que alguna vez tuvo lógica.

Ambas fotografías, una de La Plata en 2023 y otra de Valparaíso en 2005, funcionan como las dos orillas de un mismo puente. Entro por Valparaíso y salgo en La Plata, aunque más bien pudo ser al revés. La geografía de la niebla es numeral y yuxtapuesta, minuciosamente difusa y planetaria.

La geografía de la niebla

Omaha, NE. Estados Unidos 2002.

La geografía de la niebla
es numeral y yuxtapuesta;
desde un ángulo del cielo
la ciudades
son obtusas alamedas
barricadas
y desiertos
con cruces o trincheras.

Los aviones sobrevuelan
como enjambres de ataúdes.

Desde el vértice gemelo
la geografía de la niebla
inventa mares con espinas
en la rosa de los vientos
y hay extensas plantaciones
y represas anegadas
por el miedo
a la biotecnia sigilosa
del enemigo;
hay hasta rascacielos
que se estrellan
con ataúdes en pleno vuelo.

La geografía de la niebla
es minuciosamente difusa y planetaria.
Tiene puentes infinitos
que atraviesan
apenas unos metros
para ir de Buenos Aires a París;
las autopistas de Omaha city,
sin embargo, sólo llegan
un poco más allá
del corazón
ardiente de infernario.

La geografía de la niebla
es milenaria y tan breve
es la vida que soy
como un disparo,
como un beso,
una palabra.